Cuando el mal se disfraza de fe

 Allá por 2024, Ryan Murphy nos deleitó con dos magnificas series: La segunda temporada de Monsters y Grotesquerie, una de las mayores joyas audiovisuales que me he encontrado (al menos en cuanto a simbología religiosa).

Ryan Murphy ya llevaba en nuestras pantallas desde 2009 con el éxito de Glee y, posteriormente, con American Horror Story la serie de televisión que, llamémosla pionera, en contar historias sobre asesinos en serie (de los Estados Unidos), lo que sería una antesala a Monsters, una de las mejores series que he visto (al menos la primera y segunda temporada, porque la tercera es “buena” solo por la actuación de Charlie Hunnam, y la cuarta no me ha llamado nada).

Pero hoy no vengo a hablaros de Monsters, sino de la otra, Grotesquerie, una serie que, si bien como historiadora del arte me encantó por la simbología religiosa, también tiene sus más y sus menos (es entretenida hasta los últimos capítulos que ya se les va la olla por completo)

1. ¿Qué es Grotesquerie?

Grotesquerie es una serie de televisión creada por Ryan Murphy, estrenada en septiembre de 2024. La historia comienza con una serie de crímenes atroces que perturban a una comunidad y cuya puesta en escena parece esconder algo más que la violencia de un asesino.

Hasta aquí podríamos pensar que estamos ante otra historia de investigación criminal, una fórmula que Murphy conoce bien. Sin embargo, hay un elemento que convierte estos asesinatos en algo especialmente inquietante: su conexión con escenas y motivos de la Biblia (sobre todo del Nuevo Testamento). Y es aquí donde, personalmente, la serie consiguió captar toda mi atención.

Como historiadora del arte, encontrarme con esos crímenes y empezar a reconocer en ellos referencias a episodios bíblicos me pareció una auténtica maravilla. No porque la violencia me resulte fascinante por sí misma (que también), sino porque la serie utiliza un imaginario religioso profundamente arraigado en nuestra cultura para construir algo perturbador.

Las imágenes sagradas dejan de ser únicamente símbolos de fe, esperanza o salvación y pasan a formar parte de una escenografía macabra. La Biblia, con sus relatos de pecado, castigo, sufrimiento y redención. se convierte en una clave para interpretar el horror y eso plantea una cuestión que me parece mucho más interesante que averiguar quién está detrás de los crímenes (aunque también): ¿Qué ocurre cuando el lenguaje de lo sagrado se utiliza para representar el mal?

Quizás, lo más inquietante de Grotesquerie, no sea únicamente aquello que vemos en la pantalla, sino la familiaridad de las imágenes que utiliza. Reconocemos sus referencias, comprendemos parte de su carga simbólica y, precisamente por eso, el resultado nos incomoda todavía más.

2. El Padre y la monja

He aquí el meollo de todo.

Desde el principio, Ryan Murphy nos deja en claro que la religión va a ser uno de los puntos más importantes de la serie, y nos lo muestra con el personaje del Padre Charlie Mayhew (Nicholas Alexander Chávez)


Manolo: Violeta, ¿nos estás haciendo este post solo para hablar de Nicholas Alexander Chávez?

-Sí, así que cállate.


Bueno, por donde iba antes de que Manolo me interrumpiera…¡Ah, sí! El cura.

El Padre Charlie es un personaje excéntrico, algo completamente opuesto a la imagen que solemos tener de un hombre devoto a Dios y, sinceramente, creo que esa contradicción es precisamente lo que hace que su presencia resulte tan interesante.

Grotesquerie - Serie - 2024 | Actores | Premios - decine21.com

Por otro lado, tenemos a la hermana Megan, una monja que lejos de limitarse a desempeñar el papel que tradicionalmente asociamos con una religiosa, se convierte en una figura fundamental para el desarrollo de la historia. Su relación con el misterio de los crímenes y su interés por investigarlos nos permiten observan la religión desde una perspectiva diferente.

Lo interesante es que Murphy no presenta la fe únicamente como una cuestión de creencias, oración o devoción, sino que en Grotesquerie, la religión también está vinculada a la curiosidad, a la búsqueda de respuestas y a la necesidad de encontrar un sentido a aquello que parece escapar a toda explicación racional, y es aquí donde el Padre Charlie y la hermana Megan adquieren especial relevancia. Ambos están relacionados con la Iglesia, pero la serie juega con las expectativas que tenemos sobre sus respectivas posiciones. El sacerdote, que debería representar una determinada autoridad espiritual, aparece rodeado de una excentricidad que descoloca al espectador. Megan, por su parte, combina su condición religiosa con una faceta investigadora que la lleva a involucrarse en los acontecimientos.

Esta combinación me parece especialmente interesante porque introduce una pregunta que recorre buena parte del imaginario religioso: ¿Qué significa realmente tener fue cuando nos enfrentamos a algo que no comprendemos? ¿Consiste en aceptar una explicación divina? ¿En buscar respuestas incluso cuando estas resultan incómodas? ¿O en cuestionar aquello que siempre hemos dado por sentado?

A través de estos dos personajes, Grotesquerie abre la puerta a explorar esas contradicciones, mientras los crímenes y sus posibles referencias bíblicas convierten la religión en algo más que un telón de fondo para la historia.

  • El Padre Charlie: ¿un hombre de Dios?

El Padre Charlie es un personaje excéntrico, y, como ya dije, algo completamente opuesto a lo que solemos asocial con un hombre devoto a Dios, y es esa contradicción lo que hace que su personaje sea de los mejores de la serie.

Cuando pensamos en un sacerdote se nos viene a la cabeza la imagen de alguien que representa la espiritualidad, la compasión y la orientación moral de una comunidad. Sin embargo, Murphy juega con esas expectativas y nos presenta a un hombre cuya personalidad y comportamiento distan bastante de esa imagen tradicional. Pero, ¿qué significa ser realmente un hombre de Dios?¿Basta con vestir una sotana, predicar desde un púlpito y desempeñar las funciones propias de un sacerdote?

nicholas alexander chavez ᡣ𐭩 | father charlie | grotesquerie

La pregunta resulta especialmente pertinente en una serie como Grotesquerie, donde las apariencias engañan constantemente y donde la religión no siempre aparece asociada a la tranquilidad espiritual que cabría esperar.

Como espectadora, me interesa esa tensión entre la institución religiosa y las personas que la representan. La sotana puede identificar a Charlie como sacerdote, pero no responde por sí sola a las preguntas que plantea su personaje. La indumentaria religiosa, al igual que sucede con tantas imágenes de la tradición cristiana, comunica una identidad, unas expectativas; otra cosa es lo que encontramos cuando miramos más allá de esa primera impresión, y es aquí donde Murphy comienza a jugar con nosotros: utiliza una figura reconocible para descolocarnos y nos obliga a cuestionar nuestras propias ideas preconcebidas sobre la fe y quienes la profesan.

  • La hermana Megan: fe, curiosidad y transgresión

Frente al Padre Charlie nos encontramos con la hermana Megan, una monja que también rompe con determinadas expectativas asociadas a su condición religiosa.

Megan no se limita a observar los acontecimientos desde la distancia, sino que su interés por los crímenes y su implicación en las investigaciones la convierten en una figura que busca respuestas allí donde otros, quizás, preferirían no mirar. Y es aquí donde Murphy nos plantea otra cuestión interesante: ¿Hasta qué punto la fe y la curiosidad pueden convivir cuando aquello que intentamos comprender amenaza con cuestionar nuestras certezas?

Tradicionalmente, la figura religiosa se ha representado mediante atributos que remiten a la devoción, la humildad, la oración y la vida consagrada. Sin embargo, la hermana Megan también es una mujer curiosa, con iniciativa y con interés por desentrañar un misterio que parece superar los límites de lo cotidiano.

Su condición religiosa no elimina su curiosidad, al contrario, hace que su aproximación a los acontecimientos adquiera una dimensión particular. En ella confluyen dos formas de buscar respuestas: la investigación de los hechos y la necesidad de encontrar un sentido a aquello que está sucediendo

Grotesquerie (Serie de TV 2024) - IMDb

Desde mi perspectiva como historiadora, me parece interesante observar cómo la serie utiliza figuras pertenecientes al mundo católico para construir personajes que no encajan del todo en nuestras expectativas. No se trata solamente de que un sacerdote o una monja aparezcan en una historia de terror, sino que su presencia nos lleva a preguntarnos qué representan y qué esperamos de ellos.

  • Dos figuras religiosas, una misma pregunta.

Lo verdaderamente interesante es poner a Charlie y a Megan en diálogo. Ambos están vinculados a la Iglesia, pero su presencia en la historia nos invita a reflexionar sobre la distancia que puede existir entre la identidad religiosa, la conducta individual y las expectativas que depositamos en quienes representan una institución.

En Grotesquerie, la religión no funciona únicamente como conjunto de creencias ni como un recurso estético para crear una atmósfera siniestra, también constituye un lenguaje a través del cual los personajes intentan interpretar una realidad que parece haber perdido toda la lógica, y es aquí donde le título de este artículo empieza a cobrar sentido: ¿Qué ocurre cuando aquello que asociamos con la fe convive con imágenes y comportamientos que nos producen inquietud?

La serie juega con esa contradicción y con el peso cultural de los símbolos cristianos (ahora hablaremos de eso). Porque una cruz, una sotana o un hábito no son elementos visualmente neutros, sino que remiten a una tradición religiosa, a una institución y a una serie de significados que el espectador reconoce incluso antes de conocer por completo a los personajes.

Cuando estos elementos aparecen en una historia atravesada por el horror, su significado puede volverse ambiguo. Lo familiar se transforma en algo inquietante y aquello que esperábamos que nos ofreciera respuestas termina planteándonos nuevas preguntas. Y esa es una de las claves para entender el imaginario religioso de Grotesquerie: no basta con identificar los símbolos, también hay que preguntarse qué hace la serie con ellos, cómo los transforma y qué sucede cuando los coloca frente al horror.

3. Los crímenes “Bíblicos”

Ahora sí vamos con el meollo de este post, esos crímenes que recrean escenas del Nuevo Testamento.

  • La Última Cena

La primera vez que esto nos aparece es con una “Última Cena” y es aquí donde empecé a disfrutar de verdad (quitando el hecho de que ver al Padre Charlie era lo mejor de la serie), porque una cosa es utilizar la religión como telón de fondo para una historia de terror y otra muy distinta es apropiarse de una de las escenas más reconocibles de la tradición cristiana para convertirla en una imagen perturbadora (y no es la única)

La Última Cena es uno de los episodios más representados de la historia del arte cristiano. Recogida en los Evangelios, muestra a Jesús compartiendo su última comida con los doce apóstoles antes de su arresto y crucifixión (cosa que también nos muestra la serie). Es, además, el momento en el que anuncia que uno de ellos lo traicionará.

A lo largo de los siglos, artistas como Leonardo da Vinci ha convertido esta escena en una imagen universal. Basta con pensar en la disposición de Jesús y los apóstoles alrededor de la mesa para reconocer inmediatamente el episodio pero, ¿qué sucede cuando tomamos una imagen tan vinculada a la comunión, el sacrificio y a la traición y la trasladamos al universo de Grotesquerie?

El efecto es inquietante precisamente porque reconocemos aquello que estamos viendo. La escena no necesita explicarnos su referencia, nuestra porpia cultura visual hace buena parte del trabajo. Identificamos la composición y, con ella, todo el conjunto de significados religiosos que lleva asociados. Y es ahí donde reside la fuerza de esta clase de imágenes. Murphy parte de una iconografía familiar para alterar su significado y convertirla en una representación del horror Lo sagrado y lo macabro entran en contacto, y esa contradicción nos obliga a mirar la escena de otra manera. Además, la elección de la Última Cena no es irrelevante pues el episodio evangélico ya contiene una tensión narrativa: la intimidad de una comida compartida que convive con el anuncio de una traición. La comunidad reunida alrededor de Jesús que está a punto de fracturarse.

  • Crucifixión

Como ya comenté, la Última Cena no es la única referencia al Nuevo Testamento que encontramos en la serie, sino que también recurre a una de las imágenes más reconocibles de la iconografía cristiana: la Crucifixión.

Aquí es donde la cosa se pone interesante porque la representación de Cristo crucificado no es una imagen cualquiera, sino que se trata de uno de los símbolos centrales del cristianismo y concentra ideas como el sacrificio, el sufrimiento, la redención y la salvación.

A lo largo de la historia del arte, la Crucifixión ha sido representada de innumerables maneras, desde las imágenes medievales más hieráticas hasta las composiciones renacentistas y barrocas (incluso Modernas y del siglo XXI) que buscan conmover al espectador mediante el dramatismo y la expresión del dolor. En Grotesquerie, sin embargo, esta iconografía se traslada al terreno del horror. La imagen de la Crucifixión deja de ser únicamente una representación de un acontecimiento sagrado y se convierte en parte de una puesta en escena criminal. El resultado es una inversión inquietante: una imagen asociada a la redención que aparece vinculada a la violencia y a la muerte (pues básicamente también como en la Biblia, que a Jesucristo el dieron por todos lados antes de terminar así)

Y, por si fuera poco, esta representación terminó trascendiendo a la propia serie. En noviembre de 2024, Nicholas Alexander Chávez, se vio envuelto en una polémica después de publicar en redes sociales un vídeo promocional relacionado con la serie. En él aparecía caracterizado, con heridas simuladas y bailando al ritmo de “Apple” de Charlie XCX, junto a una mesa que evocaba a la Última Cena. Esta publicación, que solo mostraba al actor pasándolo bien en un momento entre rodaje y rodaje, provocó reacciones muy diversas: mientras que algunas personas consideraron que se trataba de una falta de respeto hacia la figura de Cristo, otras defendieron que formaba parte de la libertad creativa y de la promoción de una serie de terror. Este escándalo provocó que el actor terminase retirando la publicación.

Y aquí es donde quiero detenerme un momento porque me parece que el asunto plantea una cuestión interesante: ¿Dónde termina la provocación artística y dónde comienza la ofensa religiosa?

Como historiadora, me interesa especialmente cómo las imágenes religiosas cambian de significado cuando pasan de un contexto a otro. Una representación de Cristo puede funcionar como imagen de devoción en una iglesia, como objeto de estudio en un museo o como un recurso visual dentro de una ficción de terror. El contexto modifica nuestra lectura, aunque no necesariamente elimina la carga simbólica que la imagen conserva para quienes la contemplan, pero eso no significa que todo uso de la iconografía cristiana tenga que gustar a todo el mundo, ni que cualquier crítica a una representación artística equivalga a la censura, significa, más bien, que estas imágenes siguen teniendo un peso cultural y religiosos considerable, y que utilizarlas fuera de su contexto tradicional puede generar interpretaciones enfrentadas.

En este caso volvemos a lo mismo, yo vi a un actor pasando un momento divertido en un momento de descanso, caracterizado porque, quizás, debían volver a grabar la escena. Para otros, una ofensa a su Dios.

En el caso de Grotesquerie, esa tensión resulta especialmente pertinente. La serie utiliza símbolos que asociamos con lo sagrado para construir imágenes perturbadoras, y la polémica demuestra que el impacto de esa iconografía no se limita a la ficción. Al final, quizás esa sea una de las cuestiones más interesantes que podemos plantearnos al analizar la serie: ¿nos inquieta únicamente lo que vemos representado o también el hecho de que algo que consideramos sagrado se utilice para provocar esa inquietud?

4. Cuando el horror se encuentra con lo sagrado.

Al final, creo que lo más interesante de Grotesquerie no es únicamente su historia criminal y sus giros de guion (que en determinados momentos parecen que nos llevan a una reunión de guionistas en las que alguien ha decidido que nada tiene por qué tener sentido), sino en su manera de utilizar la religión como lenguaje visual y narrativo.

Encontrarme con esta serie (por casualidad, buscando más sobre Nicholas Alexander Chávez, las cosas como son) ha sido una experiencia fascinante, sobre todo cuando recurre a esa iconografía cristiana para hacer las escenas más perturbadoras. La Última Cena, la Crucifixión…y toda la paranoia no son elementos que aparezcan de manera inocente, sino que remiten a siglos de tradición artística, a relatos que forman parte de nuestra cultura y a imágenes cuyo significado sigue despertando emociones muy distintas. Y eso es lo que hace que estas referencias funcionen, pues para que una imagen pueda subvertirse, primero tiene que existir un significado que el espectador reconozca, y es por eso que Murphy toma símbolos asociados a lo sagrado y los sitúa en un contexto de violencia, obligándonos a contemplarlos desde una perspectiva diferente.

¿Significa esto que Grotesquerie nos ofrece una reflexión profunda y coherente sobre la religión en todos sus episodios?

No necesariamente. Personalmente, creo que la serie pierde parte de su fuerza cuando la historia se adentra en sus últimos capítulos y sus giros terminan eclipsando algunas de las cuestiones que había planteado con tanto interés, pero eso no borra lo que consigue en el terreno de la iconografía religiosa. Al menos para mí, ahí es donde la serie encuentra su mayor atractivo, en la capacidad de convertir imágenes reconocibles en algo inquietante y de recordarnos que los símbolos nunca son completamente inocentes cuando los sacamos de su contexto, porque el arte religioso no siempre tiene que servir para inspirar devoción, también puede incomodarnos, plantearnos preguntas y enfrentarnos a nuestras propias ideas sobre lo sagrado y quizás por eso, sigo pensando en Grotesquerie más por sus imágenes que por las respuestas que ofrece su historia (y por Nicholas Alexander Chávez, que apareció, devoró y desapareció).

Ah, una pregunta más: ¿Hay algo más perturbador que reconocer lo sagrado en medio del horror y descubrir que ya no sabemos qué significa?



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